martes, junio 21, 2005

Reflexiones sobre EL TIEMPO en el tren de vuelta a casa...

A veces parece haber un tiempo establecido para todo. Da la sensación de que no nos movemos al ritmo de nuestro reloj personal sino que lo hacemos regidos por uno global. Es el eterno “tengo que...”, “hay que...”, “ya es tarde para...” y estoy seguro que nuestra naturaleza no es esa.
La cultura en la que nadamos nos lleva a sentir necesidades según la edad en la que nos encontramos, es un “tiempo de...” y por consiguiente lo hago. Pero, ¿En realidad siento que lo tengo que hacer? O ¿lo hago porque me toca? Se pierde, así, el sentido del tiempo personal y nunca sabemos si son los momentos adecuados, inseguridades que se fraguan en el seno de lo impersonal por dejar de lado los sentidos, sentimientos y purezas propias.
Resulta difícil de entender como una sociedad tremendamente egoísta, como la nuestra, no se para a pensar o sentir sus propias necesidades y espera los momentos desde su persona hacia el resto ( y no del resto hacia el individuo, como ocurre).

¿Cual es el camino natural del ser humano, salvando saltos culturales y de sociedad?

No hay un tiempo para todo, o al menos, no lo hay de forma real. El tiempo es personal, individual y autónomo, sin embargo, caminamos globalmente, en conjunto y de forma unitaria.

Quizá aun debamos esperar otros males postmodernos como el estrés, fruto de la descoordinación entre el tiempo verdadero de cada individuo y el tiempo global ( el del reloj). El mayor error recae sobre la consciencia colectiva de la normalidad o “Lo que es normal”, balanza que nos hace juzgar a las personas con una simple regla de tres donde intervienen como factores estrella la edad, el estatus social y la pareja. Esto inevitablemente ejerce una enorme presión sobre el individuo, que se ve abocado a realizar en un tiempo determinado esos objetivos para ser “admitido” en el grupo social.
No dejan de ser presiones que pasan desapercibidas porque de alguna manera te llevan a “lo correcto”, pero a largo plazo a un cúmulo de insatisfacciones producidas por no haber llevado una vida al ritmo personal, y haber hecho las cosas cuando realmente se sentía que se tenían que hacer.

Estamos perdidos en el tiempo por no vivir fieles a nuestro reloj, cada vez más el ritmo de vida crece y se iguala, perdemos nuestra identidad, y las ilusiones y fracasos se centran en estereotipos preestablecidos que justifican nuestros males, beneficios y nos recomiendan lo que nos toca hacer para la edad que tenemos...
Me da la sensación de que empieza a ser necesario “Cambiar el arroz pasado” por la “buena dicha, que nunca es tarde”.

sábado, junio 18, 2005


"El futuro nace de su propia imitación"
1999 - JMBA