martes, febrero 21, 2006

Desayuno conmigo mismo

El otro día me sucedió un hecho muy extraño. Me disponía a iniciar una jornada de sábado perezoso "a mi manera", siguiendo el ritual, ya clásico, de leer la prensa electrónica con un café en la mano, cuando de repente la llegada de un nuevo e-mail rompió mi sacro proceso. ¡Oh fortuna que me acompañas! ¿Será uno de esos correos con ofertas de todo tipo?¿ o quizá un chollo para viajar al Caribe? En ese momento, me dispuse a abrir el correo de remitente desconocido cuando, para mi sorpresa, ¡¡era un correo de mí mismo, es decir, de yo!! pero juro que yo no lo mandé.

Por orden de la casualidad, o del comienzo de lo que empieza a ser la prueba de que internet aplasta barreras de todo tipo, Juan Miguel Barea, natural de Pamplona, me estaba escribiendo a mí, Juan Miguel Barea, natural de Barcelona, un correo, saludándome simpáticamente...

Bien, con mi boca abierta y el café frío lo leí una y otra vez...

Hola:
Me llamo Mikel. Mejor dicho me llaman Mikel, porque mi nombre es Juan Miguel; Juan Miguel Barea para ser más exactos. Sí, has leido bien, hay alguien con el mismo nombre que vuestra merced.
Mi compañera, al parecer, quiso saber si había cosas sobre mí en la red y descubrió que en realidad no soy de Pamplona sino de Mataró y que tengo habilidades literarias que he mantenido en el más absoluto de los secretos...¡Una doble vida!.
¿Conoces el significado de tu apellido?.
Un abrazo.

Con sobrada entereza aparente respondí algo así como: "Es normal, que casualidad pero no es para tanto...". Lo cierto es que después de pensar bastante sobre el tema, me di cuenta que realmente esto será cada vez más habitual. Trasladamos parte de nuestra vida y, por consiguiente, de nuestra persona a internet. Construimos sin darnos cuenta un mundo paralelo virtual, pero real, con nosotros en él.
¿Acaso no hay un trocito de Esteban en cada frase que dice en su blog? ¿No es Toni el que sale en esas fotos de su espacio? ¿Qué sería de los principios "videorevolucionarios" sin Kiko repartiendo juego?
Cedemos una parte de nosotros a esta "realidad virtual" donde podemos tener un encuentro con nuestro tocayo de exactos apellidos, que vive en la otra punta de vete a saber donde, hasta el momento solo sospechable pero inédito por razones obvias.


Sin duda un desayuno distinto señor Juan Miguel, aunque eso sí, el próximo día paga usted y el café me lo tomo caliente...

lunes, febrero 13, 2006

"El tiempo de reflexión es una inversión del tiempo"
s. I - Publi Siro

viernes, febrero 10, 2006

Roma, Stendhal y yo...

Roma, ciudad eterna... Con su permiso: "eterna si la dejan".. Y es que la primera impresión que se lleva uno al pisar suelo romano es la de encontrarse en una ciudad desordenada, incívica y con un carácter despreocupado hacia todo... ¿Esto, ciudad eterna?

Efectivamente, eterna.

Hay veces que se tarda en asimilar algunas cosas, como por ejemplo la atmósfera que te envuelve en un lugar o el sentido evocador que puede llegar a tener en la persona. Roma, es eterna desde que volví, pero supongo, que es eterna para todos los que la han visitado. La locura de sus calles contrasta con un espléndido centro, ecléctico en sus formas clásicas y barrocas, y endulzado con esas pinceladas de la gran Roma imperial que nos vamos encontrando durante el camino. No está cuidada, ni falta que le hace, porque habla por sí sola. El Vaticano no es nada, ni la Piazza d'Spagna, ni San Giovanni in Laterano... Miguel Ángel y el mejor Rafael quedan supeditados al enorme poder de las ruinas de una civilización todavía viva.
Ese arquitrabe de un templo a medio salir del suelo representa mucho más que un resto con valor arqueológico. És la imagen de como una gran ciudad perdida bajo una capital moderna, es capaz de emerger y a su vez dejar vestigios de lo grande que fue, y que es, porque dota de valor el entorno y da sentido a toda una cultura, saltando cualquier obstáculo temporal.

Ahhh! Roma! Un deleite para los románticos... Una ruina para los sensibles, el síndrome de Stendhal está asegurado si no se anda con ojo...